El esperado cambio está en curso, eso que por años los mexicanos hemos anhelado y por lo cual miles han luchado, incluso entregando sus vidas. Pero los cambios son lentos, y más cuando están los que lo detienen, y que al igual que antes, siguen ahí; esos, “los que siempre han estado”, esos que mientras las aguas son turbias, las olas amenazantes y la tripulación hace hasta lo imposible por que el barco no naufrague; siguen ahí, “los que siempre han estado”, los que mágicamente no hacen nada y se terminan llevando las palmas y abrazos al llegar a flote; son “los que siempre han estado”, los mismos que juzgan, critican, opinan y censuran todo lo que ellos jamás han tenido el valor de afrontar; los mismos que traicionan a la primera oportunidad y que se vanaglorian de su ingratitud ante quienes apostaron creer en su falsa retórica.
Nuestro país se encuentra en un proceso en el que debemos de estar también los que siempre hemos sido culpables, quienes han tomado los problemas en sus manos y han decidido resolverlos y los que no han temido al fracaso y por el contrario, han aprendido de él; esos que son la mayoría y que “los que siempre han estado” terminan haciendo a un lado; a esos que hoy, serán los que triunfen, y que hoy, enfrentaran cambios a los que por años se les había temido, y que vencerán con todos (as) y con todo.
Y es que en varias ocasiones de lo que va de la actual administración se ha cuestionado el que existan aun grupos de ex priistas o ex panistas que conservan ciertos puesto dentro de la administración pública federal, pero, como dijera Lenin, “Las instituciones depurándose se fortalecen” y el filtro será solo una cuestión de tiempo en la que, como siempre, Cronos no perdonara a nadie.
El ejemplo más claro es lo ocurrido hace unos días con el ex secretario de seguridad pública en el sexenio del entonces panista Felipe Calderón, si, Genaro García Luna, ese personaje que pasara junto al –espurio- ex presidente Calderón como dos de los más grandes traidores que ha dado el país; quienes la historia reserva un lugar al lado de los Santa Ana, de los Huerta o de los salinas; esos dos panistas -García Luna y Calderón- que nos trajeron miles de muertes solo por llenar sus bolsas de dinero, esos son el más claro ejemplo, ellos quienes decidieron manchar sus manos de sangre y que por seis años que tuvieron el poder no sirvieron al crimen, sino aun peor, lo hicieron parte de su administración. Ha llegado su turno, su derrota será un merecido y dulce sabor, para el ensangrentado país que dejaron; es solo cuestión de tiempo, problema que se soluciona solo con la misma paciencia que por décadas se ha tenido.